Hablar desde la experiencia, con la ayuda del conocimiento.

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El pasado 3 de abril tuve el honor de participar en la mesa de Educación organizada por Fundación Siglo Futuro sobre los retos de la Educación en la actualidad.

Desde el momento en el que Juan Garrido, su presidente, se puso en contacto conmigo, hasta el mismo momento en el que se desarrolló la mesa, sentí una gran responsabilidad, pues es difícil hablar de forma clara y coherente sobre un tema tan complejo en tan poco tiempo.

Una vez más, tomé conciencia de la importancia que tiene la formación, estar actualizada en los contenidos y la legislación, manejar con soltura un lenguaje académico y cercano a la vez, y ser capaz de escuchar de forma activa para poder dar sentido al discurso.

Viví esta oportunidad con la ilusión de las primeras veces, y la tranquilidad que te dan más de 20 años de experiencia en aulas de todos los niveles. Disfruté del micrófono, del público, de los focos y, sobre todo, de la conversación; pues si haya algo que me apasiona es hablar sobre Educación, Inclusión Educativa, Neurodivergencias y Atención a la Diversidad.

Unas pinceladas de lo que allí se habló...

Tanto el inicio como el final de una mesa redonda suelen definir mucho quiénes somos los integrantes, cuál es nuestro bagaje en el tema y nuestra visión hacia el mismo.

Cuando me preguntan por el reto que tiene la Educación a día de hoy, lo tengo claro: atender a todo el alumnado de manera que cada uno de nuestros estudiantes se conviertan en la mejor versión posible de sí mismos, de sí mismas.

Y a partir de aquí, un Universo se despliega, porque, para conseguirlo, se necesitan recursos, no solo económicos, sino principalmente humanos (sí, también hace falta dinero para conseguir estos últimos).

Cuando hablo de la necesidad de más docentes en los centros, me refiero a la idea de que siempre seamos dos docentes en el aula. Y, para mi gusto, la pareja pedagógica ideal es la que está formada por una persona con el conocimiento técnico necesario para ser un «Master del Universo» en la materia correspondiente; junto a una persona especialista en Pedagogía Terapéutica, Pedagoga o Psicopedagoga, con el conocimiento suficiente en Neurodivergencias y metodologías educativas para saber cómo dar respuesta a las necesidades del alumnado.

Y establecer tiempos, dentro del horario laboral, para coordinarse, diseñar materiales, hablar de cada caso, darle a cada tema el espacio necesario para desplegar una educación de calidad con calidez.

¿Sabemos trabajar en equipo?

Esos tiempos de coordinación solo serían enriquecedores si se diese un verdadero trabajo en equipo. Pero, ¿sabemos realmente trabajar en equipo? Estas fueron algunas de mis aportaciones con respecto a este apasionante tema.

En un país donde no somos capaces de establecer un pacto educativo, que proteja nuestro sistema educativo de la ajetreada vida política, se hace absolutamente necesario hacer equipo: con las familias, con el alumnado, entre las personas que integramos el claustro. Pero no un equipo de convivencia superficial tejida de convenciones sociales, sino un equipo de conversaciones profundas con fundamentos científicos que busquen el bien para todas las personas que integran la comunidad educativa.

Porque solo desde la Unidad se puede provocar un cambio. El intercambio de ideas, desde el respeto y el entendimiento, es lo que hace evolucionar a las sociedades, llevándonos a otro nivel.

A lo largo de mi carrera he podido experimentar diferentes situaciones, con diferentes equipos, y sin duda, los que han despertado y están consiguiendo centros innovadores y en constante evolución son aquellos que escuchan a su profesorado (desde los equipos directivos), tienen en cuenta a las familias e intentan seguir un rumbo marcado por la brújula del bienestar.

Y, más allá de la idea populista de los últimos tiempos de que «los niños y niñas tienen que ser felices», cosa que doy por sentada y establezco como base conocida por todos; creo que hay que profesionalizar el sector, ofreciendo programas donde se hable, con rigor académico, de la atención a la diversidad, de la convivencia y el respeto, de practicar el «todos ganan» y de fomentar la curiosidad por el aprendizaje.

Porque la escuela es aprendizaje, y el aprendizaje es humildad. La humildad nos lleva a mirar con respeto a los demás, y a ser compasivos con sus errores, y el ser compasivos nos trae un nivel de empatía en el que solo es posible ganar.

En resumen, conocernos como equipo, enriquecernos con formación actualizada, y respetar las diferencias,  haciendo de ellas una fortaleza que suma. De este modo, ganamos todos.

¡Gracias a todas las personas que estuvisteis acompañándonos!

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