Si me conoces desde hace tiempo, seguramente te estás preguntando qué me trae de nuevo a escribir, y a compartir mi vida, si ahora ya “lo tengo todo”.
Pues bien, necesito mostrar que se pueden hacer las cosas de otra manera, y que esa “otra manera” debe partir de la reflexión, del análisis, de la calma… Que tenemos entre manos la vida, ilusiones, emociones (y el futuro) de niños, niñas y adolescentes, y eso es algo muy serio, lo suficientemente serio para que vuelva a escribir.
He tenido la suerte de que una pequeña personita me elija para ser su mami, y acompañarle en el camino es uno de los regalos más grandes que me ha hecho la vida (y de los más difíciles, sin duda).
Mi vuelta al aula, tras haber sido mamá, ha estado acompañada de muuuucha intensidad emocional, a veces incontrolable; y de mucha, mucha, mucha reflexión interna silenciosa, cuestionamientos, “porqués, paraqués y cómos” que se han ido agolpando en mi cabeza sin parar. Y esto ha dado lugar a nuevas formas que se iban integrando con conocimientos previos componiendo una sinfonía perfecta que me ha llevado, cual brújula, a indagar, probar, reflexionar, dudar…
Y he vuelto a estudiar, a leer para aprender, a activarme y a recuperar una parte de mí que estaba dormida. Y he disfrutado de cada lectura, de cada aprendizaje, de cada conversación compartida con personas que se han cruzado en mi camino para enriquecer mi vida.
En este primer artículo de @elsapiensa quiero compartir contigo unas pinceladas de lo que han sido estos cinco años de vida personal y profesional.
Indice del contenido
Ser mamá a los 40.
Tenía 39 años y no tenía pareja. Mi instinto maternal estaba gritándome, pues desde los 20 llevaba susurrándome que quería ser mamá. Y el tiempo empezaba a ser limitado… había que tomar una decisión.
A pesar de que siempre lo tuve presente, esperaba a la persona indicada, el momento adecuado, la situación perfecta. Te voy a confesar algo: “eso no existe”. El momento perfecto, la persona perfecta, la situación ideal… son cosas que nos metieron en la cabeza con los “cuentos de hadas” y que nos hacen desear algo que probablemente estemos lejos de alcanzar, así que voy a hacerte spoiler: los bebés solo necesitan teta y Amor incondicional.
Como no tenía pareja, ese año en el que cumplía 39 tomé la decisión de ser mamá, apoyada por mi familia y amigas más cercanas, que me animaron y se comprometieron a acompañarme en este camino. ¡Me siento afortunada de tenerlas!
Y, tomada la decisión, la vida me regaló un maravilloso y demandante bebé (buscado y planificado); y un amor de cuento, que llegó sin avisar y sutilmente, en una forma en la que jamás me hubiera atrevido a soñar… pero de eso te hablaré otro día, pues es una historia tan bonita que merece su propio capítulo.
Vuelta a la escuela y descubrir que no es mi lugar.
En enero de 2020 volví a la escuela, y a la provincia que me vio nacer cuarenta y un años atrás. Llevaba un año sin pisar un aula, y sentía todo tan diferente y a la vez tan familiar, como cuando regresas a un lugar conocido tras años de no frecuentarlo.
Todo me parecía distinto, y empecé a darme cuenta de que era yo la que no era la misma. Mi cabeza no funcionaba de la misma forma, y mi sensibilidad se había multiplicado exponencialmente… ¿Qué me estaba sucediendo? ¿Había algo malo en mí? ¿Por qué se hacía todo tan cuesta arriba?
Empecé a buscar información y encontré artículos muy interesantes que hablan de cómo cambia el cerebro de las mamás para proteger a sus criaturas, del tiempo que se necesita para recuperar las funciones cerebrales previas al parto, etc.
Y me surgieron millones de incógnitas sobre por qué la sociedad era tan pasiva respecto a esta necesidad de las mujeres en el post-parto, por qué está silenciado todo esto, por qué tenemos que regresar tan pronto y dejar a nuestros bebés en manos de personas extrañas… Yo no lo sabía todavía, pero volvieron a mí lo que hoy sé que era mi inquietud mental de niña, una sensibilidad enorme a las necesidades de los otros, y una montaña rusa emocional que me ha acompañado toda la vida, y de la que no era consciente hasta hace poco, pues pensaba que “era controlable” “había algo malo en mí” “era un tema hormonal” … ideas que había hecho propias extrayéndolas de conversaciones aquí y allá.
El cerebro, mi gran pasión.
Y aquí comenzó mi nueva andadura formativa, porque necesitaba saber más, sobre muchas cosas: cómo funciona el cerebro, por qué los niños y niñas son tan diferentes entre sí, cómo influye el entorno en el aprendizaje, cuáles son las características heredadas y cuáles se dan a consecuencia del entorno, e infinitud de incógnitas a las que he ido poniendo luz en estos cinco años y medio de maternidad y estudio.
Mi pasión por el cerebro, por la conducta humana, por el desarrollo evolutivo es algo que me ha acompañado toda la vida, pero hasta el nacimiento de mi hijo no había profundizado en este tema, que hoy sé que es fundamental para ejercer la profesión docente, e imprescindible para poder acompañar a nuestros hijos e hijas de la forma más beneficiosa para su desarrollo.
Y te cuento esto porque quiero compartir contigo mi experiencia y conocimiento, poner a tu servicio todos los aprendizajes que he ido adquiriendo y que pueden facilitarte el día a día con tu familia, en tu profesión docente, o en ambas.
Mi vida al servicio de adolescentes y familias: acompañamiento consciente.
De los colegios por los que he transitado en este período te hablaré en otro momento, porque es mucho y muy largo lo que me han aportado, en positivo y aprendizaje (porque no existe un hecho negativo, sino algo de lo que se aprende); lo que sí puedo decirte es que, casi siempre, me he encontrado posicionada del lado de las familias. Eso es algo que ha marcado mi desarrollo como docente, y que me ha llevado a múltiples enfrentamientos a lo largo de mi carrera con compañeros y compañeras de profesión.
Sin embargo, en mi puesto actual como docente de Pedagogía Terapéutica es un IESO me siento “como pez en el agua”, porque estoy pudiendo aplicar todo el conocimiento teórico a la práctica, a la vez que hago modelado con compañeros y compañeras a través de la docencia compartida y tengo la suerte de poder acompañar a familias de alumnado neurodivergente para que entiendan las necesidades de sus hijos e hijas, y podamos aunar esfuerzos en pos de su beneficio.
En este entorno observo la necesidad de profesionales formados e informados que acompañen a estas personas neurodivergentes en su tránsito por la vida, y por el sistema educativo. Lo ideal sería que este servicio fuese gratuito y estuviese a disposición en los centros educativos. Sin embargo, esto no es así, y hay que buscar alternativas, como las asesorías o terapias que te ofrezco.
Docente, ¿Qué te puedo aportar?
Y si algo tengo claro es eso de que “si quieres ir rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, camina acompañado”. Tenemos que hacer equipo. Sí, lo escribo como una obligación, porque la vida es corta, y un año en la vida de una criatura o de una persona adolescente es mucho tiempo. No podemos permitirnos luchas de egos, batallas por intentar tener razón, ni seguir las modas pedagógicas del momento.
Te invito a la sensatez, al diálogo socrático, a la escucha activa y el trabajo colaborativo. Te invito a que entiendas el error como fuente de aprendizaje, en ti y en las demás personas, y que juntas llegaremos más lejos.
Los niños, las niñas, merecen que las personas que guíen sus pasos sean un modelo ejemplar de sociedad, que convive mediante diálogos y acuerdos, escuchándose y buscando el bien común: “yo soy porque nosotras somos”.
¿Y si me dejas que te acompañe en tu caminar docente y te muestre que hay muchísimas formas de llegar a la totalidad del alumnado con pequeños cambios en la planificación y en la gestión de aula? ¿Te atreves a intentarlo?
Te leo en comentarios…





